Aunque no sea agradable y a menudo lo temamos, el dolor cumple una función muy importante, incluso vital en algunos casos. Nos alerta, nos avisa de que algo no va bien. Cuando nuestro cuerpo detecta un problema, una herida o una enfermedad, desencadena un mensaje de dolor para advertirnos. Así evita que la lesión se agrave o que una enfermedad se desarrolle. Por ejemplo, no apoyarse en una pierna fracturada, sacar una astilla antes de que la herida se infecte, ir al médico por ese dolor de espalda, etc. Definir el dolor es complicado: todos tenemos el mismo mecanismo, pero cada uno lo vive de forma algo distinta. Ante una misma lesión, 2 personas pueden reaccionar de manera opuesta. Todos conocemos a alguien que no parece verse afectado por el dolor y que nunca se queja, mientras que otra persona, en las mismas circunstancias, ni siquiera podría tenerse en pie.
Desagradable o insoportable, ¿cómo definir el dolor?
- Una sensación física: me duele aquí, con más o menos intensidad. También sabemos de qué tipo de dolor se trata (quemadura, corte, pinchazo, etc.).
- Una emoción: es desagradable, me duele, es insoportable, etc.
- Una reacción cognitiva: nuestro comportamiento se adapta al dolor que sentimos. Adoptamos posturas de dolor. Nuestro cerebro nos indica qué comportamiento adoptar en función de experiencias dolorosas pasadas.
Una vez superada la situación delicada, nos curamos o vamos al médico. Un tratamiento analgésico y pronto los efectos de esos dolores no serán más que un mal recuerdo. Sí, pero no necesariamente para todo el mundo: no para las personas que padecen dolor crónico.
Dolor crónico
Cuando la sensación dolorosa se prolonga en el tiempo durante más de 3 meses, se considera crónica. Es una enfermedad sumamente incapacitante, cuyas consecuencias son orgánicas y psicológicas.
- Orgánicas: porque puede provocar una hipertensión arterial secundaria, pero también una pérdida de masa muscular.
- Psicológicas: porque el dolor provoca un cansancio psíquico que puede conducir a depresiones.
Dolor y CBD
El CBD (cannabidiol) forma parte de la familia de los cannabinoides, sustancia procedente del cáñamo (Cannabis Sativa). Cuando se habla de cannabis, hay que entender que se trata de una familia de plantas de la que existen principalmente 3 variedades.
- El Cannabis Indica, rico en THC y, por tanto, muy psicotrópico si se absorbe.
- El Cannabis Sativa, muy rico en CBD y con menos de un 0,3 % de THC en las variedades autorizadas. También se le llama cáñamo industrial. Se utiliza por su aceite, pero también por sus fibras, en multitud de productos que van desde el aceite de cáñamo con CBD hasta el capó de los coches.
- El Cannabis Ruderalis, pobre en CBD y en THC
Solo las variedades autorizadas de cáñamo industrial (Cannabis Sativa), con menos de un 0,3 % de THC, pueden cultivarse y venderse en Francia, flores y hojas incluidas (Consejo de Estado francés (Conseil d'État), 29 de diciembre de 2022, n.º 444887). Desde hace años, numerosas investigaciones se interesan por el CBD y el dolor. Un estudio de la Temple University de Filadelfia, realizado en ratones, observó por ejemplo un efecto del CBD sobre dolores nerviosos provocados por una quimioterapia (Ward et al., 2014); otros trabajos, sobre todo preclínicos, exploran su acción sobre la inflamación, en la artritis o la esclerosis múltiple. En el ser humano, los resultados siguen siendo limitados y no permiten sacar conclusiones. El CBD no es un medicamento: no cura el dolor crónico ni sustituye ningún tratamiento analgésico; además, puede interactuar con algunos medicamentos. Un dolor persistente debe ser tratado por un médico, o incluso por una unidad especializada en dolor crónico.









